sábado, 12 de mayo de 2007

Mensaje

Siempre fuimos el reflejo de nuestros padres, aún cuando el espejo estubiera sucio.
Faltaban algo así como dos meses para que se cumpliera un año de que el cáncer la invitara a irse. Ella quiso hacer lo contrario, pero su cuerpo ya no tenía la fuerza de su alma.
La bronca había desaparecido casi por completo, la tristeza ya era manejable y mi siempre fuerte poder de negación se las arreglaba para bloquear esa inbloqueable sensación de extrañarla todo el tiempo.
Una mañana, en un acto de autosuperación, rompiendo prejuicios, me encontraba escuchando Morrissey. Prestaba mucha atención a la letra mientras trataba de traducirla mentalmente cuando por lo bajo escuché la alarma de un reloj que enseguida reconocí. Se trataba de un Casio digital que me habían regalado para algún cumpleaños y que, años atrás, había sido víctima de un chapuzón que lo dejaría en un profundo coma para luego guardarlo donde nadie busca. Muchas preguntas surgieron: ¿Habrá resucitado? ¿Será que tardó cuatro años en secarse totalmente por dentro? ¿Vendría sonando todos los días a esta misma hora sin que me diera cuenta? ¿Será que el olvido le produjo sed de venganza? ¡¿Seguirá sonando todo el día?!
Los treinta segundos que tendría que durar ya habían expirado. ¿Que hacer? Lo que fuera para apagarlo. Se estaba haciendo molesto. No me dejaba prestar atención al señor con sangre irlandesa y corazón inglés que cantaba tan melodiosamente.
Obviamente, el sonido venía del armario, de alguna de las cajas con cosas viejas e inútiles que guardo. El ya irritante pitido me guió hasta una pequeña caja de madera que recordaba haber visto pero que definitivamente no era mía y no había sido puesta ahí por mí. En cuanto la abrí, vi al bendito reloj, que instantáneamente dejó de sonar, como burlándose de mí, o como si en todo ese tiempo sólo hubiera querido llamar mi atención. Para colmo, su display estaba en blanco, muerto. Al tomarlo para tratar de revivirlo encontré un papel débilmente doblado que parecía llamarme. No sé por qué, pero en ese momento me estremecí. Con mis manos temblorosas lo tomé y lo abrí. Estaba manuscrito y decía lo siguiente: "Te extraño. Te quiero. Te amo. (Mamá)"

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