Afirmaciones poco trascendentes hay muchas, pero que además cierren como formando un círculo, son pocas.
Dudas gramaticales tuve muchas, pero tan inocuas como ésta, pocas.
Por lógica, tenía que tener. ¿Cómo hache iría sin hache? Sería una contradicción en sí misma; una chanza epistemológica.
Pero, yendo más profundo en este tema, comprobamos que no siempre la lógica impera. Por ejemplo, ni tilde ni acento llevan ni tilde ni acento escrito. Es culpa de ellas por ser graves; graves en el sentido que no son ni agudas ni esdrújulas.
Recorriendo otros caminos y aprovechando la falta de precisión del título, podemos notar que hache necesariamente tiene que ir con hache: esa hache de la ch -por lo menos en nuestro idioma-. Alguien podría emplear recursos italianos y escribirla con doble c: hacce. Sí, suena parecido, pero no es lo mismo. La ch tiene esa fuerza irreemplazable, esa fuerza que hace que decir la concha de tu madre nunca pierda efectividad. Seguramente, Fontanarrosa haya hablado de esto, sorprendiendo a muchos lectores de Clarín y asustando a otros tantos de La Nación.
Como decía mi abuelo cuando se hartaba: "¡Qué tanto ni tan poco!". Hache va con hache porque lo dice la R.A.E.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario