Sin esperar a abrir sus cuatro párpados, empieza a ladrar. La luz de la madrugada le da frizz a sus pelos y los vuelve más claros que la mismísima claridad. Todo está tranquilo a su alrededor, pero alguien le dijo que cuidara la casa, y él sabe que la mejor manera de hacerlo es metiendo miedo, aunque no hubiera nadie a quién asustar.
1 comentario:
Excelente! pabludo... soberbio...
cómo todo los tocado por tu fino lapiz!
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